Thousand Islands, Upper Canada Village y Montréal

Dirección Montreal hemos cogido la Hwy 401 hasta Gananoque y de ahí la Thousand Islands Parkway, que bordea el río St. Lawrence y en algunos trocitos de carretera (o desde algún pueblo que queda por el camino) se obtienen vistas de algunas de las Thousand Islands.

Si no se ha hecho el crucero por las Thousand Islands, recomendaría ir hasta el mirador Skydeck, situado en la Hill Island. No hay pérdida: sólo hay que coger el puente Thousand Islands Bridge (o también señalizado como “Bridge to USA”, porque te lleva a EEUU) y una vez en la isla te encuentras con esta torre de 125m de altura, que ofrece fantásticas vistas del archipiélago desde tres balcones distintos. Vale $ 10 CAD por persona (+ tasas, que son un 13%) pero vale la pena.

De nuevo en la península, cruzando por el mismo puente, tomamos la Thousand Islands Parkway hasta la altura de Brockville donde se engancha con la carretera principal, la 401.

Hemos parado en una estación de servicio para hacer un Café Moka y un wrap de huevo, queso y bacon al Tim Hortons y directos hasta el Upper Canada Village! Este pequeño pueblo recrea la vida cotidiana de la década de 1860: un conjunto de casas, fábricas (en funcionamiento), comercios y granjas, donde los “habitantes” van vestidos de la época y te explican lo que “se dedican”.

Lo pongo entre comillas porque aquí la gente no vive, ni es su vida cotidiana (aunque habíamos leído que sí), sino que es simplemente su trabajo. Seguramente cuando el Upper Canada Village cierra las puertas, ellos se van a su casa a dormir, sin “disfraces” y con su familia real. Fábricas de lana, harina y pan; un hombre que hace zapatos, una mujer que hace ropa a medida, otra que trabaja en una taberna, un hombre que hace sillas, … una imprenta, un pequeño mercado, la iglesia, … y varias casetas particulares que muestran cómo se vivía en aquella época.

Es curioso de ver, pero me ha faltado sentirlo todo más real; quizás falta gente caminando por las calles, sentados en el bar, o simplemente charlando en un banco, más carros de caballos paseando, etc. Esto haría que, para mí, hubiera valido la pena pagar los $ 24 CAD que nos ha costado por persona.

Al cabo de 2h ya lo teníamos visto todo, así que hemos cogido el coche hasta Montreal, donde hemos llegado hacia las 16h. El hotel St-Denis está de coña: habitación amplia y limpia, con baño privado y wifi, espacio para aparcar el coche en un parking al lado (aunque pagando $ 16 CAD extras por noche) y muy bien localizado en pleno barrio latino , a 2 pasos de todos los bares y restaurantes de la zona. Después de un rato descansando, hemos salido a dar una vuelta y comer algo por Vieux Montreal, el casco antiguo de la ciudad, que queda junto al puerto.

Por aquí todo es bastante “pijo”: restaurantes elegantes con terracitas donde hacer un solo plato puede costar entre $ 15 y más de $ 30 CAD … Nosotros buscábamos una simple ensalada pero no hemos encontrado nada de nada “asequible” para la zona, así que nos hemos hecho la ensalada César del McDonalds, que es bastante grande y está muy buena! La calle más bonito del Vieux Montreal es, sin duda, la Rue St-Paul: un callejón adoquinado plegado de restaurantes y bares con terracitas con mucho ambiente.

También vale la pena la Rue Notre Dame y la Rue de la Commune, pasando lógicamente por la abarrotada Place Jacques Cartier, una rambla peatonal que es también uno de los centros neurálgicos de la ciudad.

Subiendo por Boulevard San Lorenzo desde el puerto, rápidamente se llega a Chinatown, delimitado por cuatro puertas de arquitectura Ming, una en cada uno de los extremos de las dos calles que forman el barrio: el propio Boulevard San Lorenzo y la Rue de la Gauchetière.

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