Angkor, los Templos de Roluos

El día se ha levantado cálido y sofocante, mucho más que los días anteriores. El sol, que a las 10 de la mañana ya chamusca, hoy cae implacable sobre la ciudad con unos rayos insoportables. Me he refugiado bajo un toldo de hojas de palmera del minúsculo jardín de la guesthouse de Siem Reap. Mientras escribo estas líneas, las aspas metálicas del ventilador giran sobre mi cabeza,  oh! gracias a Dios un poco de aire- y el recepcionista, vestido con traje y corbata, yace sobre el sofá con las piernas abiertas, signo inequívoco de que está tan acalorado como yo.

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En este escenario anodino (bien mirado, habría podido escribir que estaba a la sombra de un ficus mientras admiraba las inmutables caras de Bayon) hago recuento del tiempo que llevamos fuera de casa: después de los tres meses de estancia que nos permitía el visado de India, salimos del país en dirección Malasia, un país que nos gustó mucho, pero en el que no estuvimos mucho más de una semana, pues las fuertes inundaciones en la costa este y las lluvias que continuaban cayendo, nos obligaron a marchar hacia Tailandia, donde hemos sido este último mes. Con el visado de Tailandia a punto de agotarse, salimos de Bangkok por tierra en dirección Camboya, acompañados de unos amigos con quien ya hace días que compartimos viajes y aventuras. Ahora ya llevamos dos días cruzamos la frontera, en un interminable viaje de 12 horas que bien la hubiéramos podido acortar a la mitad si no hubiera sido por los estafadores de turno de Bangkok y la corrupta policía de inmigración de Camboya.

En Siem Reap los templos de Angkor Wat, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, son el orgullo del país y la entrada de divisas más importante.

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Hoteles de cinco estrellas, hoteles boutique, restaurantes de lujo y todo tipo de resorts de extienden por la ciudad en lo que es el sector que más rápido ha crecido en el sudeste asiático en los últimos diez años. Impacta la llegada masiva de turismo ruso y chino, en grandes grupos, que arruinan todas las fotos.

Los templos de Rolous

El primer día de visitas, el tuc-tuc enfiló hacia la carretera que lleva al grupo de templos Rolous, alejados unos 13 km y que, por suposición propia, debían ser poco visitados. Una vez abandonada la carretera, apareció una tierra rojiza rodeada de vegetación exuberante. El primer templo de nuestro tour fue Preah Ko, el más antiguo de toda la zona de Angkor y que data del año 879. Fue construido por el rey khmer Indravarman.

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Y en honor a sus antepasados ​​-las tres primeras torres para los antepasados masculinos, las tres de atrás para los femeninos entendidos como dioses. De turistas, pocos. La segunda visita y la más bonita fue al templo Bakong. Es inmenso y fue el primer templo en forma de montaña construido en piedra (piedra arenisca y rojiza). La montaña hace referencia al mítico monte Meru -la montaña sagrada para el hinduïsme- que se creaba en forma de terrazas si no había montañas cerca. La montaña sagrada se coronaba por una torre, que hacía referencia a la divinidad, con una puerta que normalmente miraba al este. La montaña fue utilizada en la arquitectura jemer como punto central de las construcciones de la época clásica, en la que honraba al dios protector Shiva. Bakong estructura en forma piramidal con cinco terrazas que rodean la torre central, donde hay un lingam consagrado a Shiva. Los escalones son estrechos y muy altos y al descender ya tenía los cuádriceps cargados. Parece ser que la gran similitud entre los templos Bakong y Borobudur, tanto en las escaleras como en los pórticos de acceso a las terrazas, sugieren que Borobudur sirvió como prototipo de Bakong, gracias a informaciones relatadas por viajeros o por misiones enviadas por los reyes Jemeres.

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El último templo del grupo, Lolei, se encuentra actualmente en rehabilitación. A su alrededor se encuentra un templo budista de nueva construcción y las precarias estancias de los monjes.

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